Víspera

     



     —Cambio pianos viejos por nuevos —anuncia el mercader.
      En la clara luz de este sol que aún no abriga el día, la descomunal bolsa de gasa que dobla al mercader en dos bajo su peso es un espectáculo extraño y hermoso. De acuerdo al ángulo de visión, bajo esa gasa o tenue tul que los contiene, algunos pianos se distinguen claramente, otros se adivinan.
     —Elija, niña —dice dirigiéndose a la joven a cuya humilde puerta ha llamado—. Por su sonoridad de bombo legüero, el vertical de la izquierda es el más indicado para interpretar mazurcas.   Si, pese al invierno, le agrada la vida al aire libre, le sugiero el blanco más pequeño, suena como un cuerno de caza. El negro de media cola en cambio…
     Unos maullidos insistentes interrumpen la exposición que se proponía detallada.
    —¿Qué ocurre, Aladina? —pregunta la joven con preocupado afecto, confía en el instinto del animal y es evidente que a su gata le desagrada el extraño. Comprende entonces que, aunque por algunos minutos se atreviera a soñar algo distinto, deberá atenerse al plan previsto: iniciar los estudios en ese piano desvencijado, de incierto origen, que pertenece a su familia desde siempre y en el cual, si se atiene a lo que conoce o recuerda, nunca tocó nadie.


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Publicado en NARRATIVAS revista digital
Edición nº 33 (Abril / Junio 2014), pg 50

"Viejos amigos" audiolibro

Bajo la dirección —idea y desarrollo— del escritor Pablo Gonz, esta maravilla:

VIEJOS AMIGOS

"Audioantología formada por 69 microrrelatos de 47 autores distintos que proceden de seis países: Argentina, Chile, Perú, Colombia, México y España. Los micrrorelatos tratan del tema de la vejez desde todos los puntos de vista posibles (la nostalgia, el humor, la tristeza, la ironía, etc...)"




Quien desee "escuchar el libro" puede hacerlo pulsando  acá (en el minuto 11:25 podrá escuchar mi micro Esa calle —agradezco a la escritora Ana Vidal  la extraordinaria lectura que hace del mismo) 

No la olvidamos

Guardo en mi memoria la impresión que me causó la tarde en que la conocimos. Princesa en el exilio, flor delicada, irrealidad. Recuerdo incluso la mancha de luz que era su vestido blanco.

Los otros, en cambio, se solazan recordándola unos días después, mientras lloraba, y gritaba “no”, y aullaba “basta”, y rogaba que nos detuviéramos.  


"No la olvidamos ha resultado ganador, junto al micro "Distante" de la escritora Luisa Hurtado González
 en el "Concurso Mensual por Imágenes" (dic/13) de la red ning TRIPLE C (Cofradía del Cuento Corto)


Un sol menos

Es raro volver sola con papá a casa, tan raro que no me animo a decirle que tengo hambre.
Tomo una hoja blanca y el primer lápiz de color que veo. Dibujo un sol con una panza grandota.
—Mirame —dice.
Sigo dibujando.
—Mirame —grita. Los dos tiramos de la hoja, el sol se rompe. Aprieta los brazos alrededor de mí muy fuerte. Su camisa huele a líquido de planchar.
—Mamá se tiene que quedar ahí —repito para él lo que me explicó la abuela a la tarde—, porque le hace frío y necesita el abrigo de la tierra. 
—Voy a preparar la cena —contesta. Parece que no escuchó lo que dije.  Además no prepara nada, se queda así, quieto. Ni siquiera enciende la luz y  está  oscuro.

Esta noche da miedo.


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Publicado en 
Plesiosaurio (Lima, Perú, Año VII, nª 6, vol. 2, enero, 2014)

Pg 27

Dirección: Rony Vázquez Guevara




Conexión digital: aquí

Crónica del mundo destruido


     Un solo encuentro y todo aquello que nadie se habría atrevido a recordar en voz alta, todo aquello que no creían recordar, quedaba dicho por el donante de información y comprendido y archivado por el receptor. Tal habilidad, compartir conocimientos prohibidos a través del contacto sexual, fue desarrollada varios años después de que destruyéramos todos sus libros y cualquier otra fuente de almacenamiento de datos. Aplicado nuestro sistema de limpieza intelectual, los vencidos demoraron tres generaciones en desarrollar este escatológico modo de recuperar lo limpiado. Motivo por el cual el contagio, al comienzo, fue lento: sólo los viejos sabían. Cuando el número de infectados jóvenes se hizo relevante, la enfermedad fue epidemia ya que, en su perversa manía, incapaces de esperar a que los niños maduraran sexualmente,  comenzaron a instruirlos en la lectoescritura sobre arena o barro con palos, ramas o pequeñas rocas. Secretamente, eso creían, comenzaron a hablar con veneración de una tal Eva, lejana madre en común quien, de acuerdo a los registros que obran en nuestro poder, perdió el irreprochable mundo que habitaba por esa ansia de conocimiento que, dignos hijos de tal madre, a todos consumía. Cuando el descaro de su rebeldía los llevó a murmurar la palabra Eva como contraseña entre los iniciados, tomamos nuestra decisión. Dado el incomprensible y repugnante apego al estudio que demostraban resultó paradójico  comprobar que, los hijos de la tal Eva, no habían asimilado la lección.


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Publicado en miNatura Revista Digital
Edición nª 131, pg 77
Dossier: Ray Bradbury

Ira




Acostumbrados a verlo levantar sus olas, rítmica y tranquilamente, como magníficos bostezos de hipopótamo,  no notan el cambio de humor que lo domina. No perciben su sorda rabia ante la nauseabunda mancha que se extiende. Por tal motivo sus primeros ataques —un grupo de pescadores, la sirenita de Andersen, el Libro de Jonás y cierta antigua casa labrada en coralina—, los tomará desprevenidos. Y para cuando, por fin, organicen la defensa, él, descontrolada ya su furia, con descomunales lenguas líquidas estará arrastrando a su abismo manadas de centauros, quebrachales,  la regla de tres simple, acuarelas, niebla, agujeros, cuentos de suspenso, nidos, pesadillas, ocarinas, políticos y simios, el Paraíso Perdido  y las Islas Bienaventuradas.

Pervertida la última gota de agua límpida de mar, llegará el aciago momento en el cual todo lo que de él surgió yazga bajo esa viscosa sangre de la muerte que los hombres llamaban petróleo.


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Edición número 32
pg 52

Este microrrelato pertenece a la serie publicada en la Narrativas
 Los siete pecados capitales

Criaturas

Silenciados, por fin, aquellos espantosos estruendos de los bombardeos, aquietadas todas  las armas, estos pocos sobrevivientes aún no comprenden que la guerra terminó y huyen, continúan huyendo sin necesidad, hacia ninguna parte.
De pronto, una nube de mariposas atraviesa el río en el que ahuecan las manos para saciar la sed. En medio de la desolación que los circunda, la sutil energía del  vuelo les acerca recuerdos de un mundo que creen perdido.
—¿Dónde está la vida? —pregunta una joven con la voz quebrada por el morral de lágrimas que guarda entre las costillas.
Los rigores del brutal enfrentamiento los ha llevado a olvidar que la vida, esa poderosa hembra,  camina junto a ellos y siempre apuesta a favor de sí misma. Por tal motivo, pronto la primavera pondrá hojas en los árboles y algún nido. Entonces, quizá sólo por aquel atávico reflejo de imitación que los domina, nuestro desorbitado grupo de zaparrastrosos buscará refugio, se asentará. Llegado ese tiempo, la joven que formuló la pregunta se dejará enamorar por unos bellos ojos, tan desamparados como ella pero leales y fuertes, y su voz será canción de cuna.
La vida, esa incansable soñadora, ama el frágil vuelo de las mariposas.

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Publicado en 
Lo mejor de Paracuentos 2013, Editorial Dunken, 2013, pg 41



 Gracias José Osvaldo Ferrari por la generosidad de esta publicación

Darse cuenta

     Está sentado sobre una tabla que, calcula, ha de tener unos treinta centímetros de ancho. Hacia derecha e izquierda este camino de madera que lo sostiene parece no tener fin. Sus pies cuelgan sobre un abismo insondable.  No corre viento y ni siquiera la presencia familiar del sol lo acompaña; sin embargo, el cielo, sereno, diáfano, tiene ese color  turquesa que sólo recuerda haber disfrutado alguna tarde bienaventurada de verano.
     La precariedad tortuosa de la situación no lo asusta,  soledad y altura e incluso esa inmovilidad en la que se mantiene para no correr el riesgo de caer al vacío, son desdichas que, por concretas,  su mente puede procesar. Lo que lo aterra es el cielo, no le cree esta máscara de belleza bajo la cual ha elegido mostrarse. Intuye que está pronto a quebrarse como un espejo; abrirse en bestias primigenias, o descubrir las ruinas aún humeantes de un mundo devastado, o dar paso a una lluvia de suicidas.  Espantos que aun toscos y previsibles, así inventados, sugeridos, logran infundirle pánico.
     —La belleza sólo existe como amenaza —dice en voz alta, dándole a las palabras el tono brusco de quien encuentra lo que no busca.

     Alguien, algo, escucha. 


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Publicado en la antología literaria "De Antología. La logia del microrrelato"
Editorial Talentura, España, 2013, pg 134
Antólogos: Rosana Alonso y Manu Espada



Este micro se puede escuchar en la voz de Mar Glez haciendo click  acá
Gracias, Mar!!!

Desamparo

     



    Hoy Gonzalo cumple cinco años, pero nadie se lo ha dicho.
     Es de noche, está solo, en la casilla donde vive hace frío  —aunque él no se de cuenta—.
     Busca una hoja de papel, blanca, de ser posible. Si apareciera una de color también la aceptaría, hasta con un pedazo de diario se conforma.
     Descubre una de color madera bajo las papas, sucia de tierra, arrugada, manchada con grasa. A esto le llama tener suerte.
     Quita la taza de la mesa y apoya la hoja estirándola lo mejor que puede. Agarra el lápiz naranja, lo encontró en el barro hace un rato.
     Lo que dibuje será su amigo, su compañía, piensa.
     No se decide. Los perros le dan miedo, gatos no quiere. Un nene chiquito tampoco, tendría que cuidarlo. Las mujeres son un problema: la abuela se murió y su mamá sale todas las noches; vuelve de mañana, cansada, de mal humor, y a pesar de que siempre tiene puestas pinturas de colores lindos sobre la cara hasta enferma parece. Claro que también hay hombres en el mundo, cada tanto aparece alguno por la casilla. A él, ni lo miran.  
     Doña Amanda es otra cuestión. Una gorda de piel áspera y mirada suavecita que tiene una parte del pelo negro y otra parte blanca y otra anaranjada. Ella es la que todas las noches trae el café con leche pero después se vuelve a su casa y hasta ahora no lo ha invitado.
     Gonzalo piensa en Amanda y dibuja una señora. La cara un redondel con rulos, como ella. La boca una raya derecha, nunca la vio sonreír. Un triángulo por vestido. Los pies los hace de cualquier forma pero con las manos es cuidadoso, esas son las únicas manos que lo acarician.
     Al dibujo terminado lo guarda bajo la almohada. No es quiera tenerla encerrada pero ya se sabe como son los grandes, a la primera oportunidad, se escapan.


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Publicado en 
-Narrativas (edición número 31)
Oct- Dic. 2013





- "Lo mejor de Paracuentos 2013", Editorial Dunken, 2013, pg 39


Cuento premiado en el Taller Literario Sur y Centro de Participación Comunal n° 6 (Municipalidad de Córdoba, Arg.) 2001


Venganza


Despechado ante la indiferencia de ella, el domador ordena a sus leones que ataquen. La maga, con sumo placer, hace de cada fiera un amante.
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Publicado en
-Pseudònims, revista digital
Oct. 2013 (Tema: Desfase)

-Previsiones metereológicas de un cangrejo
Gracias Agustín Martínez Valderrama!!!

Marzo, 2011

El alquimista impaciente

Mi micro "Lujuria" en la bitácora

Bitácora que administra Santiago Aguaded Landero, 
profesor (Universidad de Huelva) 
y poeta.

Muchísimas gracias, Santiago

Innominada

El primer caso se registró  hace cien años. Corresponde a un tal Gregorio Samsa.
—Que un hombre joven, saludable, trabajador, amanezca transformado en una cucaracha, es un hecho insólito —declararon las autoridades—. Sería un error distraer parte del erario público para estudiar y disponer medidas sanitarias, puesto que esta situación es  extraordinaria —concluyeron.
Tres meses después se produjo un segundo caso, para entonces Gregorio llevaba once días muerto; a través de los dichos de una empleada de la familia Samsa, se supo que su cadáver fue depositado en el tacho de la basura. Nadie protestó: circulaba la versión de que Gregorio tenía tratos con el diablo.
Ese año se contabilizaron un total de diez enfermos. Al finalizar el año siguiente, ellos también estaban muertos. Y se habían sumado otros doscientos casos.  Doscientos es el número oficial, se acepta que fueron más, sus parientes no lo daban a conocer por tratarse de una enfermedad vergonzante: por entonces se aseguraba que las víctimas habrían tenido un comportamiento sexual depravado.
Los médicos más destacados del mundo se reunieron bajo el lema “Enfermedad Innominada: Posibles Tratamientos”.
Nadie supo indicar cuál era el tratamiento adecuado.
Y seguimos sin saberlo, aún hoy.

El número de víctimas se cuenta por millones.
Los hombres de fe hablan de castigo divino:
—El mundo entero  ha devenido en una nueva Sodoma. Dios, asqueado de nuestros vicios,  está aplicando Su Justicia —dicen.
Los ateos se contentan con explicaciones políticas:
—El Fondo Monetario Internacional lanzó a la atmósfera una bomba biológica destinada a acabar con los países tercermundistas, pero le fallaron los cálculos.
—Los comunistas  hacían experimentos genéticos usando como conejillo de indias a los disidentes al régimen. Y ahora todos pagamos las consecuencias.
—Los judíos tienen la culpa.
Por su parte, las autoridades reconocen que la enfermedad innominada reviste las características de epidemia.

Permanecí a su lado, observándola pasear por las paredes, alimentándola. Su agonía duró dos semanas. Llegado el momento coloqué sus restos en la caja de las alianzas de casamiento, a la caja la enterré bajo el fresno que plantamos juntos.
Tengo miedo.
Nunca antes había deseado desplegarme y dar un vuelo corto, alrededor de la mesa, como ahora.


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Publicado en
-Axxón, revista digital
Edición número 246




-"Lo mejor de Paracuentos 2013", Editorial Dunken, 2013, pg 39


Pertenece a "El manuscrito". Pg 21. Edición de autor, 2001
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